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LECCIÓN 1

Teoría de la abiogénesis y origen de la vida

▻ Teoría de la Biogénesis

La teoría de la abiogénesis, también conocida como teoría de la generación espontánea, es una de las primeras hipótesis que intentaron explicar el origen de la vida en la Tierra. Esta teoría sostiene que la vida puede surgir de materia inanimada o inerte, sin la necesidad de un ser vivo preexistente. En la antigüedad, filósofos como Aristóteles apoyaban esta idea, creyendo que organismos como gusanos, escarabajos o incluso ranas podían generarse espontáneamente a partir de elementos como el barro, la carne en descomposición o el agua estancada.

Durante siglos, esta teoría fue ampliamente aceptada debido a la observación de fenómenos cotidianos, como la aparición de larvas en carne en descomposición o la formación de insectos en estiércol. Sin embargo, con el avance de la ciencia y el desarrollo del método experimental, la abiogénesis comenzó a ser cuestionada. Científicos como Francesco Redi y Louis Pasteur realizaron experimentos que demostraron que los seres vivos provienen de otros seres vivos, apoyando la teoría contraria, llamada biogénesis.

A pesar de que la abiogénesis como generación espontánea fue descartada, el término ha sido retomado en la ciencia moderna para referirse a un proceso diferente: el origen de la vida a partir de moléculas inorgánicas simples en la Tierra primitiva. Según esta perspectiva, hace aproximadamente entre 4,400 y 2,700 millones de años, las condiciones de la atmósfera primitiva —compuesta por gases como metano, amoníaco, hidrógeno y vapor de agua— permitieron la formación de moléculas orgánicas complejas, como aminoácidos y nucleótidos, que son los bloques básicos de la vida.

Estos compuestos se habrían acumulado y organizado en redes químicas cada vez más complejas, dando lugar a las primeras formas de vida unicelular. Experimentos como el de Miller-Urey en la década de 1950 reprodujeron en laboratorio estas condiciones y lograron sintetizar moléculas orgánicas a partir de gases inorgánicos, apoyando la hipótesis de que la vida pudo surgir por procesos naturales y graduales en la Tierra primitiva.

La atmósfera primitiva, con su composición química y condiciones energéticas —como descargas eléctricas simulando rayos, radiación ultravioleta y volcanismo—, fue fundamental para que estas moléculas orgánicas se formaran y evolucionaran. Así, la abiogénesis moderna no implica generación espontánea en el sentido antiguo, sino un proceso natural y progresivo que condujo al surgimiento de la vida.

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