LECCIÓN 7.3
Las teorías económicas sistematizadas desde el siglo XVIII han moldeado la organización política y social del mundo moderno, influyendo profundamente en Latinoamérica. La fisiocracia surgió como reacción al mercantilismo, sosteniendo que la naturaleza y la agricultura eran la única fuente real de riqueza, mientras que la industria era considerada "estéril". Posteriormente, la escuela clásica o liberal, fundamentada en la obra de Adam Smith, propuso que el interés individual conduce al bien común y que el mercado se autorregula mediante una "mano invisible" de oferta y demanda, sin intervención del Estado.
En el siglo XIX, el marxismo apareció como una crítica radical al capitalismo, analizando cómo el empresario se apropia de la plusvalía (valor excedente) producida por el obrero. Esta corriente aboga por la socialización de los medios de producción y la lucha de clases como motor de cambio social. Tras el colapso bursátil de 1929, el keynesianismo transformó la economía al proponer que el Estado debe aplicar un intervencionismo activo mediante políticas fiscales y monetarias para regular las fluctuaciones de la demanda.
A mediados del siglo XX, la Escuela de Chicago reaccionó contra estas políticas impulsando el monetarismo, el cual sostiene que la inflación es el principal problema económico y debe controlarse regulando la cantidad de dinero circulante. Estas ideas evolucionaron hacia el neoliberalismo, caracterizado por la privatización, el libre mercado y la reducción del gasto público. En contraste, el estructuralismo latinoamericano (CEPAL) propuso el modelo de Sustitución de Importaciones (ISI) para romper la dependencia de la periferia respecto al centro industrial. Finalmente, el Socialismo del Siglo XXI busca hoy reforzar el poder estatal y la inversión social para corregir las desigualdades del modelo neoliberal