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Abrió: lunes, 26 de enero de 2026, 00:00
Cierra: domingo, 8 de febrero de 2026, 23:59

LECCIÓN 8.5

El principio de la despersonalización del poder

El principio de la despersonalización del poder constituye, junto con la alternabilidad, uno de los fundamentos pilares de un sistema democrático pluralista. Este concepto establece una distinción clara entre la figura individual de quien ejerce el mando y la autoridad pública que representa. En una democracia auténtica, el gobernante no debe imponer sus criterios personales, caprichos o intereses particulares al ejercer su cargo.

Un poder personalizado ocurre cuando la voluntad del jefe es la única que se cumple, basándose exclusivamente en sus deseos o consideraciones individuales. Por el contrario, la despersonalización exige que quien ostenta el poder piense y actúe siempre en función del bien común. Bajo esta lógica, el mandatario es reconocido como el primer servidor público, cuyo equipo de trabajo debe gozar de confianza pero su gestión debe ceñirse estrictamente al plan de trabajo que el pueblo aprobó mediante el sufragio.

Este principio busca prevenir el abuso de poder, una práctica común que surge cuando los gobernantes no comprenden que su función es servir al pueblo y no utilizarlo para fines personales o privilegios propios. La despersonalización está estrechamente ligada a la alternabilidad, ya que el cambio periódico de gobernantes impide que estos se perennicen en sus puestos, limitando la posibilidad de que el mando se vuelva personalista o dictatorial. En definitiva, en el modelo democrático el poder es una facultad otorgada por el pueblo —el soberano— a los mandantes para que lo representen, y este poder solo es legítimo mientras se actúe bajo los límites de la ley y el mandato popular

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