Lección: El Poder Constituyente y su Función en la Creación del Estado
El poder constituyente es el mecanismo mediante el cual una sociedad organiza su Estado, estableciendo las bases políticas, jurídicas y sociales que regirán su funcionamiento. Este concepto, desarrollado por el pensador francés Emmanuel-Joseph Sieyès, se basa en la soberanía popular, es decir, en la capacidad de los ciudadanos para decidir la estructura de su gobierno a través de la creación de una Constitución.
A lo largo de la historia, las revoluciones y crisis políticas han sido momentos clave para el ejercicio del poder constituyente. Por ejemplo, en Francia, la Asamblea Nacional Constituyente de 1789 marcó el fin del absolutismo y dio paso a un sistema democrático. En América Latina, este proceso se vivió durante las luchas de independencia, donde cada nación emergente redactó su propia Constitución para definir su identidad política.
En el caso de Ecuador, el poder constituyente ha sido clave en varias ocasiones. La Constitución de 2008 es un ejemplo reciente de cómo este poder transformó la organización del Estado. Esta Constitución incorporó cambios significativos, como la creación del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, que fortalece la transparencia y la participación ciudadana. Además, amplió derechos, reconociendo el voto de adolescentes desde los 16 años y garantizando la participación de grupos históricamente excluidos, como las personas privadas de libertad sin sentencia ejecutoriada.
El poder constituyente tiene características esenciales:
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Supremacía: Está por encima de cualquier otro poder del Estado.
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Extraordinario: Se ejerce en momentos excepcionales, como cambios de régimen político.
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Directo: Proviene de la voluntad del pueblo.
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Soberano: No está subordinado a ninguna otra norma ni autoridad.
Su función principal es diseñar una nueva Constitución o modificar la existente cuando las circunstancias políticas, económicas o sociales lo requieren. Sin embargo, este poder no es permanente, ya que su labor concluye una vez que se aprueba la nueva Constitución.
En Ecuador, la Constitución de 2008 representó un cambio en la estructura del Estado, estableciendo un nuevo modelo basado en el Sumak Kawsay o "buen vivir", un principio derivado de la cosmovisión indígena que promueve el bienestar colectivo y la armonía con la naturaleza. Este enfoque marcó un hito en la historia constitucional del país, pues redefinió los derechos y deberes de la ciudadanía dentro de un modelo de desarrollo sostenible e inclusivo.
En conclusión, el poder constituyente es la expresión máxima de la soberanía popular. A través de él, los pueblos pueden redefinir su organización política y jurídica, asegurando que sus leyes respondan a sus necesidades y aspiraciones. En Ecuador, este poder ha permitido la evolución del Estado, adaptándolo a los cambios sociales y promoviendo una mayor participación de la ciudadanía en la toma de decisiones.