LECCIÓN 3.2
El neorrealismo es una corriente filosófica que emergió en Inglaterra durante finales del siglo XIX y principios del XX. Esta postura filosófica se desarrolló en oposición directa al idealismo y fue fuertemente influenciada por el empirismo. Su nombre subraya su adhesión al realismo, defendiendo que es posible acceder y comprender directamente la realidad profunda de la persona. Los neorrealistas son empiristas convencidos, sosteniendo que la totalidad del conocimiento humano emana de la experiencia sensible.
Un pilar central del neorrealismo es su enfoque en el conocimiento científico teórico, abarcando disciplinas como las matemáticas, la física, la biología y la lógica. Para esta escuela, la filosofía debe ser fundamentalmente científica, y sus interrogantes deben originarse en las ciencias de la naturaleza, excluyendo explícitamente las cuestiones morales o religiosas de su ámbito. El conocimiento filosófico se restringe al terreno de la razón pura, desestimando la influencia de los sentimientos. La función primordial de la filosofía, según el neorrealismo, es ser analítica y crítica, dedicándose a la clarificación de conceptos y demostraciones científicas mediante un riguroso análisis lógico.
Bertrand Russell (1872-1970) es identificado como un destacado neorrealista. Entre sus postulados principales, Russell afirmó que el alma humana no es una entidad sustancial, sino un conjunto de ideas, y que los fenómenos psíquicos son resultado de procesos fisiológicos, concibiendo los pensamientos como una concentración material de datos sensibles en el cerebro. El neorrealismo también postula que la religión se origina en el temor humano, y que las normas de conducta deberían basarse en el amor afectivo y el conocimiento. La meta última es alcanzar la felicidad, lo cual se logra al combatir el miedo y fortalecer el espíritu a través de la educación y la mejora continua del individuo
