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Abrió: lunes, 4 de mayo de 2026, 00:00
Cierra: domingo, 17 de mayo de 2026, 23:59

LECCIÓN 7.4

La religión romana

La religión en la antigua Roma se caracterizó por ser politeísta y poseer un marcado carácter práctico y utilitario. A diferencia de otras creencias antiguas, la fe romana no ofrecía la esperanza de una vida mejor tras la muerte, sino que se centraba en mejorar la existencia terrenal mediante el favor de las divinidades. Por esta razón, los ciudadanos y gobernantes acudían a los templos para ofrecer plegarias y sacrificios con el fin de solicitar beneficios específicos o aplacar la ira divina tras catástrofes naturales.

Un rasgo distintivo fue su capacidad de asimilación; los romanos adoptaron numerosos dioses de los pueblos conquistados, especialmente de los griegos, a quienes integraron cambiando sus nombres (por ejemplo, Zeus se convirtió en Júpiter y Atenea en Minerva). El núcleo de la religión pública se centraba en la Tríada Capitolina, compuesta por Júpiter (padre de los dioses), Juno (diosa de la fertilidad) y Minerva (protectora de las artes y la sabiduría).

Además del culto público, la religión doméstica era un pilar fundamental de la sociedad. En cada casa existía un pequeño santuario denominado lararium, donde el pater familias dirigía rituales en honor a los espíritus protectores: los lares (protectores del hogar), los manes (antepasados fallecidos) y los penates (protectores de la despensa y los alimentos). Otros dioses protegían elementos cotidianos, como Jano, que custodiaba el umbral de las puertas, y Vesta, que protegía el fuego del hogar.

Con la expansión del Imperio, la religión se convirtió en una herramienta de romanización, aunque eventualmente coexistió con el cristianismo. Esta última fe, tras sufrir persecuciones por negarse a rendir culto al emperador, terminó siendo declarada la religión oficial del Imperio por Teodosio en el año 380 d. C

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