LECCIÓN 4.3
Aguas superficiales

Las aguas superficiales son aquellas masas de agua que se encuentran sobre la superficie terrestre, como ríos, lagos, arroyos, pantanos y embalses. Estas aguas provienen principalmente de las precipitaciones, el deshielo o el afloramiento de aguas subterráneas. Las aguas superficiales tienen un papel fundamental en el ciclo hidrológico y son una fuente importante para el consumo humano, riego agrícola e industria.
Estas aguas se clasifican en dos tipos principales: aguas lóticas y aguas lénticas. Las aguas lóticas son corrientes y se mueven constantemente, como los ríos y arroyos, llevando el agua de las zonas altas hacia las bajas. Por otro lado, las aguas lénticas son aquellas que permanecen quietas o estancadas, como los lagos, lagunas y pantanos. Ambas juegan un papel crucial en la biodiversidad, al albergar diversos ecosistemas acuáticos.
La calidad del agua superficial puede variar dependiendo de factores naturales y antropogénicos. La acción de la lluvia, suelo, rocas y materia orgánica impactan la composición química del agua, además de la influencia de actividades humanas como la agricultura, industrias y urbanización, que pueden introducir contaminantes. Por ello, es imprescindible su monitoreo y control para garantizar que el agua sea apta para el consumo humano.
En Ecuador, la abundante red hidrográfica y diversas cuencas permiten el acceso a aguas superficiales en distintas regiones. Sin embargo, la contaminación y el mal uso de estas fuentes representan una amenaza para la salud pública y el equilibrio ambiental. Por eso, se promueven prácticas responsables para la conservación y el tratamiento del agua antes de su consumo.
Entre las acciones para proteger las aguas superficiales están la gestión adecuada de residuos, controlar fuentes contaminantes, reducir el uso de agroquímicos y fomentar la educación ambiental. Además, el tratamiento del agua mediante procesos como sedimentación, filtración y desinfección asegura su potabilidad.