LECCIÓN 8.5
El tratado filosófico europeo, cuyo término proviene del latín Tractatus, es una producción intelectual que se presenta como el desarrollo y la conclusión definitiva de un tema científico o filosófico. Se distingue por ser un saber conclusivo, rígido y sistemático que busca establecer una verdad con pretensión de validez universal y objetiva. A diferencia del ensayo latinoamericano, que es fragmentario y subjetivo, el tratado se organiza bajo una estructura lógica impecable, dividida en apartados o compartimentos que exponen las teorías de forma detallada y acrítica.
Este género ha sido el instrumento predilecto de la filosofía occidental desde la antigüedad. Aristóteles es considerado su principal precursor, caracterizando sus textos por la rigurosidad racional y el uso de la retórica persuasiva para convencer al lector de verdades últimas. Aunque el estilo aristotélico puede ser en ocasiones oscuro o incluir digresiones y repeticiones para agotar los puntos de vista, siempre mantiene un orden lógico orientado a la investigación completa de los puntos en disputa.
A lo largo de la historia, el tratado ha servido para sistematizar el pensamiento de épocas enteras, desde la Edad Media, con obras como la Summa Theologiae de Tomás de Aquino, pasando por la Ilustración, hasta autores modernos como Ludwig Wittgenstein. Se considera el cierre de una disputa dialéctica, juzgando su validez únicamente bajo criterios de racionalidad. En resumen, las características fundamentales que definen al tratado europeo son su dogmatismo, rigurosidad lógica y su naturaleza como un sistema de conocimiento que no admite cuestionamientos una vez concluido. Su objetivo no es simplemente proponer teorías, sino realizar una exploración exhaustiva que culmine en una solución definitiva al problema planteado